Eixe es lo sol: a tota la terra ilumine, y tota la terra es meua. Perdono mare, no torno per ara al seu cariño. Y dién aixó afluixáe lo pas y camináe en nou sabor y contén pareixenli que ere la primera vegada que fée aná la seua agilidat. No sabíe cap aón anáe, y sol procuráe donali la esquena a la seua terra, vinguere lo que vinguere. Pero va vore no mol lluñ una serra tota vestida de abres y mol tancada, y se va adressá cap an ella pera atravessala en lo propósit de amorsá allá dal, mirán cap atrás y cap abán pera vore lo país y lo sel que dixáe y lo que anáe a registrá per primissies del seu viache. Va empendre la costa amún; y veén una quebrada, un claro, una selva espessíssima va aná cap allá, com Pelayo a Beseit, y la frescoreta del puesto lo va convidá a sentás, y después va traure les provisions, detall de sor Mercedes y la mare priora, va minjá pera tot lo día, perque en eixecás de allí no pensabe pará mes que pera beure de la primera aigua que trobare; y se va ficá a reflexioná sobre la temeridat de habés embutit al convén, pareixenli entonses tan gran hassaña, que tremoláe de pensáu. Habíe dormit poc la nit passada; y trobanse mol cómodo sentat y apoyat contra un terré se va quedá adormit com un soc.
No va passá ni una hora que dormíe, cuan van assertá a passá per allí prop uns estudians que anáen de motus, que com joves y de peus ligeros buscaben les dresseres hasta aon no les ñabíe per lo gust de no aná pel camí. Lo van vore y se li van arrimá; lo van mirá un rato, y ell dorm que dormirás. La seua apassibilidat, juventut, la seua pressiosa cara, aquells pels tan negres y solts que tan l'habíe adornat com a dona y ara fée gloria a la vista, van encantá als estudians, y un de ells va di:
- ¿Qué li fa falta an este mosso pera sé un ángel? ¿Qué no donaríe per séli pare lo mateix Rey de España y de les Indies?
- Dixémlo en pas, va di un.
- No, va replicá l'atre, que l’ham de despertá y emportámol en natros. Va parlá lo cuart (pos no ne eren mes) y va di lo mateix, y pareixénlos be als dos primés lo van despertá cridán un de ells: expergiscere, frater, et surge (que vol di: desperta, germá, y ix, paraules de Cristo a Lázaro.)
Se va ficá dret de un bot, no per la forsa del latín, que ell no lo enteníe, sino per lo soroll de les paraules que van entrá als seus oíts; y al vóres dabán als cuatre llissensiats, va pensá que siríen alguasils; pero los va vore alguns instrumens de música y reparán en lo traje va adiviná lo que eren.
- Noli turbari, va di lo mateix, escolastici enim sumus, et te miramur et amore prosequimur. (Vol di: no te turbos, no te assustos, pos som estudians y te contemplam admirats y te volem.)
- Siñós, va di ell ya eixecat: si vostres mersés no me parlen en la meua llengua, no entendré lo que me diuen.
- Siñós, va di ell una mica mes sansé; si me ha de fé la burla, parlo en llengua que yo entenga, y voré lo que me convé.
- Calléu, per la vostra vida, va di un de ells en latín; lo mosso té raó. ¿Qué li hau de di en latín? Sabéu, jove exelén, que tos ham topetat y mos hau paregut be. Sentim que no sigáu del gremio, perque vindríeu en natros, y tos sertifico per la experiensia que ting, que passaríeu la vida mes alegre que hau de coneixe al món.
- Esta faena, siñós, va di ell entonses, no me pareix a mí cosa roína; eixe latín es lo que me estorbe, perque si se oferix alguna vegada parlál descubriré la meua falsa roba.
- Yo tol enseñaré, va di un de ells, en quinse díes.
- Pos yo, va contestá Saputo, tos dono paraula de adepéndrel en vuit, y ton sobren set pera mirá y remirá la obra que hauréu fet.
Va sé tan lo gust que los va doná als cuatre esta resposta, que lo van abrassá en molta alegría, diénli ya compañ.
- La primera dificultat, va di ell, está al vestit, pos no ting capa (manteo).
- Aixó es lo que no tos faltará, va contestá un; lo meu está sansé; que vingue una navalla o estisora y lo retallarem. Y dién y fen van agarrá entre dos lo manteo, lo van tallá de dal a baix, van hilvaná les noves vores, lo va pendre Pedro Saputo, y ficánsel y fen en ell tres o cuatre plantes, va quedá ordenat estudián.
Después de un retall de un atre manteo van ficá de dol la gorra en una funda, y van arrencá a caminá, beneín primé un de ells en moltes creus la nova roba y la persona del nou compañ.
Pel camí y abans de eixí del brosquill de la selva los va di:
- Yo no dudo, siñós, que sabrán moltes habilidats; yo voré tamé de ajuntán algunes meues. Per ejemple: quedautos firme (va di a un de ells), y tersianse, apartanse a una vora, lo tros de manteo y después dixanlo caure, va pegá una correguda de tres passes y li va salta als muscles.
- Caminéu, compañ, li va di, que yo vach aquí tan formal y segú com a la seua llitera una matrona romana. Va caminá lo estudián algunes passes, y Pedro Saputo va fé l'águila, lo mono, lo gorrino, lo tornavos, l'ama que críe, lo sastre, lo sabaté, y datres coses y figures, tot en gran admirassió dels compañs, que van di que sol en alló pensaben guañás la renta de un canónigo o canonge de Toledo aquell estiu.
- ¿Sabéu, compañ, va di lo que lo portáe, que me pareix que sou tot espíritu segons lo poc que pesáu?
- Pos, ara, va di Pedro Saputo, forméu corro; lo van formá y donáe la volta per los muscles y hasta per los caps de tots. Los va fé formá lo púlpito, y cubrín lo cap a tots en lo seu manteo menos al que miráe dabán, va di en veu de predicadó, que aquell ere l'ángel conductó que veníe a redimí al món perdut. Y escomense de repén un sermó irónic tan disparatat, que de rissa no van pugué mantindre la forma de moxiganga los compañs castellés y van caure tots llarcs enriénsen mich cuart de hora.
- Ara, pos, los va di, vull fetos vore si soc espíritu com diéu, compañ, o si ting ossos y musculs. Veniu astí, y no sigáu torpe.
Li va ficá lo peu al costat, li va fotre la má al cul y alsanlo de enterra y aviánlo com un barró, lo avente a deu passes com si fore un ninot de palla, esbarramuixons, o de un atra materia mes llugera o ligera.
Lo van mirá entonses los estudians, y se van enrecordá de la forma en que los habíe preguntat si li féen la burla en lo seu latín que no enteníe. En tot los va agradá la proba, y pera perfecsionala van volé que la faiguere moltes vegades en tots ells, perque podríe vindre be alguna vegada pera dixá admirada a una sala.
Cap de ells pesabe deu arrobes, ni la mitat, y tots estáen entre los setse y vin añs; pero un en particulá, lo mes grassiós, Francisco (se creu que se apellidabe Celma Tafalla), com a músic ere mol pito, se diríe que se va dixá a casa seua les carns y que se va emportá sol en ell per al viache los ossos y la pell; an este va agarrá moltes vegades y lo aventáe moltes passes, y ell anáe entrenán a caure de peus ya com una estatua, ya com una birla, ya de atres maneres, movense mol be al mateix tems, y pareixén segons jugabe que los brassos y cames los teníe apegats al cos.
- Botovadéu, va di un de ells, que vosté, compañ, sou desde avui lo faraute o heraldo, lo mestre y cap de la compañía. Diguéu quí sou, de aón y cóm tos diéu; perque res li habíen encara preguntat.
Y ell va contestá:
- Lo que soc, siñós ya u veéu; de aón ving, me se está olvidán a tota mecha y ya no podría díu; lo meu nom, lo que vullguéu, perque tantes regirades li hay donat al que solía tindre, que per totes les seues lletres se está desfén. No reparéu en tornám a batejá y fiqueume lo nom que tos paregue, encara que sigue de dona, perque igual tos podéu topetá en una sagala mes gachona que una gitana y mes sandunguera que una bandera de régim; o be per lo contrari, mes modesta y gazmoña que una beata. Lo que tos asseguro es que lo vostre nou compañ es honrat y ve de bones, y que no se trobe tan desastrat per lo presén. Si algún día falte la Providensia tunesca, porto aquí en mí la santa compañía de vin a trenta escuts d'or y plata que no ña cosa mes sana y pura a les mines de América.
Los estudians al sentí tantes discressions y al vore tantíssimes grassies y tal noblesa no acababen de admirás y de manifestá lo contens que estáen, li van ficá nom; y pera que no fore difíssil diferensiá lo de home y lo de dona van aprobá unanimemen lo de Paquito. No va volé ell asseptá la direcsió de la compañía excusanse en que ere lo radé que habíe entrat an ella y en que en realidat no ere estudián. Pero en estos jocs y olvidos no van repará en que lo día habíe avansat mol, y van minjá de les vitualles de Pedro Saputo y de lo que ells portáen, que se reduíe a pa y vi, perque tamé portáe una bota de cuartet y mich; be que tots piaben per aigua, secs del mol parlá y de la caló del día que no va sé poca.
Van eixí al final de la serra y van prosseguí lo seu camí.
Original en castellá:
Capítulo IX.
De cómo Pedro Saputo se hizo estudiante de la tuna.
Cobré mi sexo, dijo; o al menos su dignidad y su decoro; ése es el sol: a toda la tierra alumbra, y toda la tierra es mía. Perdone mi madre, no vuelvo por ahora a su cariño. Y diciendo esto menudeaba el paso y caminaba con nuevo sabor y contento pareciéndole que era la primera vez que hacía uso de su agilidad. No sabía a dónde iba, y sólo cuidaba de dar la espalda a su tierra, viniese lo que viniese. Pero vio no lejos una sierra toda vestida de árboles y muy cerrada, y enderezó a ella para atravesarla con propósito de desayunarse en lo alto mirando atrás y delante para ver el país y el cielo que dejaba y el que iba a registrar por primicias de su viaje. Acometió a subir la cuesta; y viendo a un lado una quebrada con una selva espesísima se fue allá, y la amenidad del sitio le convidó a sentarse, y luego sacando su provisión, fineza de sor Mercedes y la madre priora, comió para todo el día, porque en levantándose de allí no pensaba parar sino para beber de la primer agua que encontrase; y se puso a reflexionar en la temeridad de haberse metido en el convento pareciéndole entonces tan grande arrojo, que temblaba de pensarlo. Había dormido poco la noche pasada; y hallándose muy cómodamente sentado y recostado contra un terreno se quedó dormido.
No hacía aún una hora que dormía, cuando acertaron a pasar por allí cerca unos estudiantes que iban de motus, que como jóvenes y de pies ligeros buscaban los atajos aun en donde no los había por el gusto de no ir por el camino. Viéronle y se acercaron; le miraron un rato, y él dormir que dormirás. Su apacibilidad, su juventud, su hermosísimo rostro, aquel negro cabello suelto que tanto le había adornado de mujer y ahora hacía gloria a la vista, encantaron a los estudiantes, y uno de ellos dijo: - ¿Qué le falta a este mozo para ser un ángel? ¿Qué no daría por serle padre el mismo rey de España e Indias? - Dejémosle en paz, dijo otro. - No, replicó otro, que le hemos de despertar y llevar con nosotros. Habló el cuarto (pues no eran más) y dijo lo mismo, y pareciendo bien a los dos primeros le despertaron gritando uno de ellos: expergiscere, frater, et surge. (Que quiere decir: despierta hermano y levántate.) Despertó en efecto, no por la fuerza del latín, que él no entendía, sino por el sonido de las palabras que entraron en sus oídos; y al verse delante los cuatro licenciados, pensó de pronto si serían alguaciles; pero violes algunos instrumentos músicos y reparando en el traje adivinó lo que eran. - Noli turbari, dijo el mismo, escolastici enim sumus, et te miramur et amore prosequimur. (Quiere decir: no te turbes, pues somos estudiantes y te contemplamos admirados y te queremos.) - Señores, dijo él ya levantado: si vuesas mercedes no me hablan en mi lengua, no entenderé lo que me dice. - Non licet nobis, dijo siempre el mismo, alio sermone uti quam latino. (No nos es permitido o no podemos hablar sino en latín.) - Señores, dijo él un poco entero; si vuesas mercedes me hacen la burla, díganmelo en lengua que lo entienda, y veré lo que me conviene. - Callad por vuestra vida, dijo uno de ellos al latino; el mozo tiene razón. ¿Qué vais a hablalle en latín? Sabed, joven excelente, que os hemos topado acaso y nos habéis parecido bien. Sentimos que no seáis de la profesión, porque os veníades con nosotros, y os certifico por la experiencia que de ello tengo, que pasaríades la vida más alegre que habéis de conocer en el mundo. - La profesión, señores, dijo él entonces, no me parece a mí cosa necesaria; ese latín es el que me pone algún estorbo al paso, porque se ofrecerá alguna vez hablalle y descubriré mi falsa ropa. - Yo os lo enseñaré, dijo uno de ellos, en quince días. - Pues yo, contestó Saputo, os doy palabra de aprendello en ocho, y os sobran siete para mirar y remirar la obra que habredes hecho. Fue tanto el gusto que les dio a los cuatro esta respuesta, que le abrazaron con mucha alegría llamándole ya de compañero. - La primera dificultad, dijo él, está en el vestido, pues no tengo manteo. - Eso es lo que no os faltará, respondió uno; el mío es entero; venga una navaja o tijera y lo partiremos. Y diciendo y haciendo tomaron entre dos el manteo, le cortaron de alto abajo, recorrieron las nuevas orillas más que de hilván, le tomó Pedro Saputo, y poniéndoselo y haciendo con él tres o cuatro plantas, quedó ordenado de estudiante. Luego de un retazo de otro manteo vistieron de luto la gorra con una funda, y echan a andar, bendiciendo primero uno de ellos con muchas cruces las nuevas prendas y la persona del nuevo compañero.
Por el camino y antes de salir de la floresta o selva les dijo: - Yo no dudo, señores, que vuesas mercedes sabrán muchas habilidades; yo veré también de unilles algunas mías. Por ejemplo: tened firme (dijo a uno de ellos), y terciándose el trozo de manteo, luego dejándolo caer da una corrida de tres pasos y le salta en los hombros. - Andad, compañero, le dijo, que yo voy aquí tan formal y seguro como en su litera una matrona romana. Anduvo el estudiante algunos pasos, y Pedro Saputo hizo el águila, el mono, el cochino, el tornavos, el ama que cría, el sastre, el zapatero, y otras cosas y figuras, todo con grande admiración de los compañeros, los cuales dijeron que sólo con aquello pensaban ganar la renta de un canónigo de Toledo aquel verano. - ¿Sabéis, compañero, dijo el que llevaba, que me parece que sois espíritu según lo poco que pesáis? - Pues, ahora, dijo Pedro Saputo, formad corro; le formaron y daba la vuelta por los hombros y aun por las cabezas de todos. Hízoles formar el púlpito, y trabando entre sí las manos en medio, cubriendo la cabeza a todos con su manteo menos al que miraba delante, dijo en voz de tono de predicador, que aquél era el ángel conductor que le llevaba a hacer misión al mundo perdido. Y principia de repente un sermón burlesco tan disparatado, que de risa no pudieron mantener la trabazón los compañeros y se cayeron todos largos riéndose medio cuarto de hora. - Agora, pues, les dijo, quiero haceros ver si soy espíritu como decís, compañero, o si tengo huesos y músculos. Venid acá, y no seáis torpe. Le hace poner en pie a su lado, le echa la mano en el trasero y alzándole de tierra y librándolo como un barrón, le arroja a diez pasos de sí como si fuese un figurón de paja o de otra más liviana materia. Miráronle entonces los estudiantes, y se acordaron de la entereza con que les preguntó si le hacían la burla en su latín que no entendía. Con todo les gustó la prueba, y para perfeccionarla quisieron que la hiciese muchas veces con todos ellos, porque podría venir al caso alguna vez para dejar admirada a una sala. No a la verdad pesaba ninguno de ellos diez arrobas, ni la mitad, y todos estaban entre los dieciséis y veinte años; pero uno en particular, el más gracioso cabalmente, y como músico era pito, dijérase que dejó en su casa las carnes y que se trajo sólo consigo para el viaje los huesos y la piel; al cual tomó diferentes veces y le arrojaba muchos pasos, y él se ejercitaba en caer de pies ya como una estatua, ya de otras diversas maneras, borneándose muy bien al mismo tiempo, y pareciendo según jugaba los miembros que los tenía pegados de sábado en el cuerpo.
- Vive Dios, dijo uno de ellos, que vos, compañero, sois desde hoy el faraute, el maestro y cabeza de la compañía. Decid quién sois, de dónde y cómo os llamáis; porque nada le habían aún preguntado. Y él respondió: - Lo que soy, señores ya lo veis; de dónde vengo, se me está olvidando a toda prisa y ya no podría decillo; mi nombre, el que quisiéredes, porque tales vueltas he dado al que solía tener, que por todas sus letras se va deshaciendo. No reparéis en bautizarme de nuevo y ponerme el nombre que os parezca, aunque sea de mujer, porque cuando menos os catárades os toparéis con una muchacha más gachona que una gitana y más sandunguera que una bandera de regimiento; o bien por el contrario, más modesta y gazmoña que una beata. Lo que os aseguro es que vuestro nuevo compañero es honrado y viene de buenos, y que no se halla tan desastrado por lo presente. Si algún día falta la providencia tunesca, traigo aquí conmigo la santa compañía de veinte a treinta escudos en oro y plata que no hay cosa más sana y pura en los cerros de América ni por lo que son ni por medios que se encuentran en mi poder y dependencia.
Los estudiantes al oír tantas discreciones y al ver tantísimas gracias y tal nobleza no acababan de admirarse y de manifestar el contento que tenían, pusiéronle nombre; y porque no fuese difícil hacerle masculino y femenino aprobaron unánimemente el de Paquito. No quiso él aceptar la dirección de la compañía excusándose con que era el último que había venido a ella y con que en realidad no era estudiante. Mas con estos juegos y olvidos no repararon en que el día había corrido mucho, y recordando comieron de los relieves de Pedro Saputo y de lo que ellos traían, que se reducía a pan y vino, porque también llevaba una bota de cuartillo y medio; bien que todos piaban por agua, secos del mucho hablar y del calor del día que no fue poco. Salieron en fin de la sierra y prosiguieron su camino.